martes, 20 de agosto de 2013

Cuando llega por fin la lluvia en el Sahara...

"R'Orab (el camello) se agitó inquieto. Giró su largo cuello y orientó el hocico ansioso hacia la cortina de agua que avanzaba descomponiendo la luz y transformando el paisaje. Barritó suavemente y de su garganta nació un ronroneo de enorme gato satisfecho. Gacel se puso lentamente en pie, le despojó de su montura, y se despojó a su vez de la ropa que extendió cuidadosamente sobre matojos para que recibieran todo el agua posible. Luego, descalzo y desnudo, aguardó en pie a que las primeras gotas salpicaran la arena y la tierra, cubriendo de cicatrices, como de viruela, el rostro del desierto, para llegar luego el agua en oleadas, embriagando sus sentidos al escuchar el dulce repiqueteo que se tornaba en estruendo, sentir sobre la piel la tibia caricia, gustar en la boca la frescura limpia y clara y aspirar el ansiado perfume de la tierra empapada, de la que se elevaba un vaho denso y turbador".

Tuareg (Alberto Vázquez-Figueroa)


lunes, 12 de agosto de 2013

Reencuentro

Gracias, Neni, por la recomendación de este libro en tu blog. Nos ha gustado mucho a toda la familia.
 
Sinopsis:  Dos jóvenes de dieciséis años son compañeros de clase en la misma selecta escuela de enseñanza media. Hans es judío y Konradin, un rico aristócrata miembro de una de las más antiguas familias de Europa. Entre los dos surge una intensa amistad y se vuelven inseparables. Un año después, todo habrá terminado entre ellos. Estamos en la Alemania de 1933, y, tras el ascenso de Hitler al poder, Konradin entra a formar parte de la fuerzas armadas nazis mientras Hans parte hacia el exilio. Tan sólo muchos años después, instalado ya en Estados Unidos, donde intenta olvidar el siniestro episodio que los separó amargamente, y en principio para siempre, «reencuentra» Hans, en cierto modo, al amigo perdido.
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
 
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
 
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

 
Wislawa Szymborska

sábado, 22 de junio de 2013

 Los libros son puertas
que te llevan a la calle.
Con ellos aprendes, te educas,
viajas, sueñas, imaginas, vives
otras vidas y multiplicas
la tuya por mil.
 
 
 
Nota: El autor del texto y el de la foto son desconocidos.

jueves, 20 de junio de 2013

"¿Saben ustedes que durante una tormenta el león da la cara al viento para que su pelambre no se desordene? Yo hago lo mismo: doy la cara a todos los problemas: es la mejor manera de permanecer peinado"

Leopoldo Marechal

 

 

Flechazo literario

El otro día fui a la biblioteca a buscar algún libro, no tenía claro cuál hasta que mis ojos posaron sobre la estantería de novedades. Su portada con órganos humanos en cajas me atrajo totalmente. No suelo elegir los libros por su portada, ya que lo importante es el contenido. Pero esta vez ha sido una excepción. Pasé unos días sin poder dejar de leerlo. No conocía al autor, ha sido todo un descubrimiento.  
 
 

Sinopsis: Un periodista especializado en historias excéntricas recibe el encargo de escribir una crónica sobre «el santo», una especie de Jesucristo Superstar que, en plena era de Google, predica en el mercado, en la carnicería o en el burdel. Un poco desconcertado por la simpleza del encargo, el periodista acompaña al Santo en su rondín espiritual por el barrio, y muy pronto se convence de que está frente a una gran historia. Pero ni siquiera su agudo olfato periodístico puede prever lo mucho que va a complicarse, en los siguientes meses, la vida del santo.Un santo incomprendido, un personaje siniestro con un ojo vagabundo, una mujer desvergonzada con el nombre de Madame Erotikón, mafia rusa, sicarios mexicanos y un inquietante suministro de restos humanos constituyen el universo esperpéntico de la nueva novela de Jordi Soler.

Parece bastante absurda la historia y, a pesar de esto, me gustó mucho. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Un haiku


Vivimos.
Simplemente.
Yo y la amapola.

Kobayashi Issa