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| Viaje a la Luna (1902) |
domingo, 20 de octubre de 2013
La magia del cine
Ayer he ido a ver la exposición "la magia del cine" de Georges Méliès, el maestro del ilusionismo, y me ha gustado mucho. Habla de los comienzos del cine y de los trucos que empleaba Méliès para hacer efectos especiales. Está en Caixa Forum de Madrid. No os lo perdáis.
miércoles, 16 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
Tampopo
Ayer volví a ver una película que me gustó mucho hace varios años y otra vez me gustó. Es de esas películas que no me cansan de verlas una y otra vez. El director de esta película se llamaba Jūzō Itami, de origen japonés. Sus obras se caracterizan por su crítica hacia las costumbres japonesas mediante la comedia y, como consecuencia de ello, este hombre se ganó muchos enemigos, entre ellos la yakuza (mafia japonesa) Y al final se suicidó, aunque se sospecha que fue asesinado.
Sinopsis: Un camionero y su compañero prueban los tallarines de una viuda, y al ser de los peores que han probado nunca, la cocinera les pide ayuda para mejorar en su elaboración. Durante el proceso surgirá entre ellos el encariñamiento con la dulce viuda.
Sinopsis: Un camionero y su compañero prueban los tallarines de una viuda, y al ser de los peores que han probado nunca, la cocinera les pide ayuda para mejorar en su elaboración. Durante el proceso surgirá entre ellos el encariñamiento con la dulce viuda.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Ayer fue el día internacional de las personas sordas...
¡SORDOMUDA!
Siempre me siento sorprendida por este término "sordomuda".
Muda significa que no uso la palabra.
¡La gente me ve como alguien que no tiene posibilidad de hablar!
Es absurdo. Yo la tengo. Con mis manos, así como con la boca.
Yo hablo en signos y hablo francés.
Utilizar el lenguaje de signos no quiere decir ser mudo.
Puedo hablar, gritar, reír, llorar, salen sonidos de mi garganta.
¡No me han cortado la lengua! Tengo una voz especial; eso es todo.
El grito de la gaviota, Emmanuelle Laborit.
Siempre me siento sorprendida por este término "sordomuda".
Muda significa que no uso la palabra.
¡La gente me ve como alguien que no tiene posibilidad de hablar!
Es absurdo. Yo la tengo. Con mis manos, así como con la boca.
Yo hablo en signos y hablo francés.
Utilizar el lenguaje de signos no quiere decir ser mudo.
Puedo hablar, gritar, reír, llorar, salen sonidos de mi garganta.
¡No me han cortado la lengua! Tengo una voz especial; eso es todo.
El grito de la gaviota, Emmanuelle Laborit.
jueves, 5 de septiembre de 2013
domingo, 1 de septiembre de 2013
Aprendiendo nuevas palabras
La playa de Tottori era grande como el desierto. Atravesé aquel Sahara y llegué hasta la orilla. El agua tenía tanto miedo como yo: a la manera de los niños tímidos, avanzaba y retrocedía sin cesar. Yo la imité.
Todos mis familiares se lanzaron al agua. Mi madre me llamó. No me atreví a seguirla, a pesar del flotador que llevaba a modo de cinturón. Miraba el mar con terror y deseo. Mamá vino a cogerme la mano y me llevó a rastras. De repente, escapé a la pesadez terrestre: el fluido se amparó de mí y me encaramó a su superficie. Emití un grito de placer y éxtasis. Majestuosa como Saturno, con mi flotador por anillo, permanecí en el agua durante horas. Tuvieron que sacarme a la fuerza.
-¡Mar!
Aquélla fue la séptima palabra.
Metafísica de los tubos (Amélie Nothomb)
Todos mis familiares se lanzaron al agua. Mi madre me llamó. No me atreví a seguirla, a pesar del flotador que llevaba a modo de cinturón. Miraba el mar con terror y deseo. Mamá vino a cogerme la mano y me llevó a rastras. De repente, escapé a la pesadez terrestre: el fluido se amparó de mí y me encaramó a su superficie. Emití un grito de placer y éxtasis. Majestuosa como Saturno, con mi flotador por anillo, permanecí en el agua durante horas. Tuvieron que sacarme a la fuerza.
-¡Mar!
Aquélla fue la séptima palabra.
Metafísica de los tubos (Amélie Nothomb)
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| Jeremy Miranda |
jueves, 29 de agosto de 2013
Otro mundo, otros valores
Hoy he terminado de leer el libro "tuareg", de Alberto Vázquez-Figueroa. Es lo primero y único que he leído de este autor. Me ha parecido tan fascinante el mundo de los tuareg que he buscado más información y he encontrado esto:
Entrevista a un tuareg en Francia:
No sé mi edad: Nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! Nací en un campamento nómada Tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier- Estoy soltero. Defiendo a los pastores Tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los Tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales.
El azul, para los Tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los Tuareg?
- Tuareg significa abandonados, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: señores del desierto, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un
reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón.
No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol.. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso.
¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos.... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un Tuareg en la universidad...!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña.
Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz....
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
Fuente: http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2007/02/01/pagina-68/54981401/pdf.html
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