miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un mal actor

Hay pocas anécdotas tan simbólicas como esa delirante, inaudita traducción a la nada de Jantjie, el falso intérprete de signos del funeral de Mandela. El hombre se intentó justificar aduciendo que padece esquizofrenia; qué bueno que haya niños para cargarles la culpa de los adultos, dice un refrán; qué bueno que haya supuestos “locos” para que sirvan de chivo expiatorio. Al parecer es cierto que Jantjie sufre un trastorno mental y, de hecho, su patética actuación es una metáfora conmovedora de la locura, puesto que lo que llamamos locura es, sobre todo, la imposibilidad radical de que alguien te entienda. Pero su enfermedad no explica nada; no es un intérprete profesional, ya fue denunciado como un fraude en 2011 por la Asociación de Sordos y lo alucinante es que alguien lo eligió, lo contrató, lo puso allí, expuesto a las miradas de todo el planeta, para hacer sus payasadas inverosímiles dignas de Monty Python. Es inevitable sospechar que hay algún tipo de corrupción detrás.
Pero lo más impactante es la sensación de que esa escena apoteósicamente absurda es una clara representación de la realidad. Ahí está toda la pompa del mundo, la gloria y el poder, las pretensiones de orden, siendo fosfatinadas por ese traductor intraducible y grotesco. Me vienen ahora a la mente, por ejemplo, los miles de familias desahuciadas que, tras perderlo todo, siguen quedando presas de sus bancos: ¿no es impensable, inadmisible? Quiero decir que lo absurdo es lo real. La foto de Obama y Jantjie codo con codo es la comprobación de que este mundo carece de sentido. Ya lo dicen los célebres, bellísimos versos de Macbeth: “La vida es una sombra que pasa, un mal actor que se agita y pavonea en sus minutos sobre el escenario y que luego desaparece; es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa". Justo lo que vimos en el funeral de Mandela.

Columna de Rosa Montero en El País (17-12-2013)



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunque el absurdo está presente en nuestro día a día, uno no deja de sorprenderse ante despropósitos de este calibre. En fin. Un abrazo. N.

Silvia SBA dijo...

Sí, a veces la realidad supera la ficción. Besos